Según un nuevo estudio de GWEC, GWO y RGC, unos 480.000 trabajadores del sector eólico deberán cursar los estándares de GWO según las previsiones de expansión del mercado eólico onshore y offshore desde 2021 hasta 2025.

La formación estandarizada es esencial para garantizar un nivel de seguridad y prevención en todas las instalaciones eólicas del mundo, de modo que todos los trabajadores del sector estén protegidos adecuadamente por igual sea cual sea su lugar de trabajo.

Un nuevo informe publicado el día 1 de junio de 2021 por el Global Wind Energy Council (GWEC) conjuntamente con la Global Wind Organisation (GWO) y el Renewables Consulting Group (RCG) concluye que, en los próximos 5 años, la industria eólica deberá formar a más de 480.000 personas en los estándares de seguridad de GWO para cumplir con las previsiones de demanda del mercado de la energía eólica.

La formación de seguridad de GWO es cada vez más demandada en todo el mundo para garantizar la seguridad de los trabajadores que deben acceder a aerogeneradores. Entre estos trabajos se cuentan, por ejemplo, tareas de construcción, instalación, operación y mantenimiento.

Se prevé que de los nuevos 480.000 trabajadores, 308.000 trabajarán en parques eólicos en tierra y 172.000 en alta mar.

Cada vez más países se suben al carro de la energía eólica, tanto en tierra como en alta mar. De hecho, se prevé que del 2021 al 2025 se instalen en todo el mundo al menos 490 gigawatios de energía eólica para alimentar la demanda creciente de energía. Por eso, muchos de los previstos nuevos 480.000 trabajadores trabajarán en tareas de instalación y construcción: 308.000 para parques eólicos en tierra y 172.000 para alta mar.

Según este mismo estudio, el 70% de la demanda de nuevos trabajadores provendrá de los siguientes países: Brasil, China, Japón, India, México, Marruecos, Arabia Saudí, Sudáfrica, Estados Unidos y Vietnam.

El objetivo de las principales economías del planeta es conseguir parar el cambio climático consiguiendo lo que denominan «net zero»: el equilibrio entre los gases invernadero emitidos a la atmósfera y la cantidad de estos gases que se eliminan de la atmósfera. Para conseguirlo, la energía eólica juega un papel clave.